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Mejore la calidad de vida de los pacientes con intervenciones del estilo de vida para el SII

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Si bien el síndrome de intestino irritable (SII) no es potencialmente mortal para la mayoría de los pacientes, tiene una enorme influencia en la calidad de vida y la salud mental, e incluye síntomas como cansancio extremo, malestar gastrointestinal (GI) y urgencia para vaciar el intestino, dificultades para estar fuera de casa, y crisis regulares.1-5 Un estudio reciente reveló que los pacientes con SII no solo tienen una menor calidad de vida, sino que también tienen puntajes más altos de depresión en comparación con las personas que no tienen SII.1,4 Sin embargo, la gravedad de los síntomas en relación con la función intestinal o el dolor abdominal tiene el mayor impacto en el deterioro de la calidad de vida de los pacientes con SII.2 

¿Qué prevalencia tiene el SII? A nivel mundial, los índices de prevalencia estimados son del 9,2 % y 3,8 % según los criterios de diagnóstico de Roma III y IV, respectivamente.4 Los datos disponibles de estudios regionales han demostrado que la prevalencia del SII es cada vez mayor en varios países: del 10 % al 15 % en Europa y América del Norte, y del 6,6 % al 22,1 % en los países de la región de Asia-Pacífico. El SII es prevalente en diversas edades (de 15 a 65 años), especialmente entre adultos (mayores de 18 años). Los pacientes suelen acudir por primera vez a un profesional de la salud cuando son adultos (de 30 a 50 años).4 

Desde la perspectiva de la medicina funcional, existe una variedad de tratamientos, incluida la modificación del estilo de vida, que pueden mejorar la calidad de vida y los resultados clínicos de estos pacientes. El modelo de medicina funcional para la atención médica implica entender los factores subyacentes que contribuyen a la disfunción y aplicar tratamientos que aborden estas causas. En otras palabras, a la medicina funcional le concierne menos la enfermedad en sí y se centra más en los procesos dinámicos que provocaron la disfunción en la persona.6 Aunque el SII puede parecer un problema resistente al tratamiento para muchos pacientes, existen factores que pueden modificarse e influir en este, que incluyen los hábitos alimenticios, la dieta, el ejercicio y otros factores del estilo de vida como el manejo del estrés.7 

La dieta y el SII 

En los últimos 20 años, ha aparecido un mayor número de investigaciones sobre el papel que desempeñan los factores modificables del estilo de vida en la mejora de los síntomas de los pacientes con SII.8 Entre los elementos principales de estas investigaciones se encuentra el mayor reconocimiento de los factores alimenticios y cognitivos o emocionales como desencadenantes importantes de los síntomas en estos pacientes.8 Los estudios sugieren que las dietas con alto contenido de grasas, carbohidratos, productos lácteos, comida picante, alcohol y café pueden empeorar los síntomas del SII.9 De hecho, los estudios sobre la intolerancia alimentaria percibida demuestran que entre el 64 % y el 89 % de los pacientes con SII informan que sus síntomas se desencadenan con ciertas comidas o alimentos. El uso de la dieta de eliminación del IFM puede ayudar a los pacientes a identificar los desencadenantes alimenticios. Tanto los estudios abiertos prospectivos como los retrospectivos han demostrado que los síntomas del SII disminuyen después de introducir una dieta con bajo contenido de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (dieta baja en FODMAP) en pacientes con sospecha o diagnóstico de malabsorción de fructosa o lactosa.9 

Un metaanálisis de 2017 proporciona pruebas de alto grado de una mejora en los puntajes de síntomas generales entre los pacientes con síndrome de intestino irritable que han mantenido una dieta baja en FODMAP, en comparación con aquellos que siguen una dieta tradicional para el SII.10 En otro metaanálisis reciente se informó que una dieta baja en FODMAP redujo los síntomas del SII en general.11 En enero de 2021, el Colegio Americano de Gastroenterología (American College of Gastroenterology) publicó pautas clínicas para el abordaje del SII, y recomienda (entre otros tratamientos) un ensayo limitado de una dieta baja en FODMAP en pacientes con SII para mejorar los síntomas generales.3 

También se ha estudiado el uso de probióticos en la dieta para ayudar a mejorar los síntomas del SII, y aunque los mecanismos exactos de los probióticos en el organismo no se entienden en su totalidad, algunas investigaciones sugieren que los probióticos pueden mejorar los síntomas del SII a través de la manipulación de la microbiota intestinal.12 Una revisión sistemática de 2019 de la literatura médica de los últimos cinco años sugiere que la suplementación con probióticos de múltiples cepas por un período tiene el potencial de mejorar los síntomas del SII.12 El interés en el papel de la intolerancia al gluten (y el posible beneficio de una dieta libre de gluten) en el SII ha ido aumentando en los últimos años;9 no obstante, solo un número limitado de estudios con un grupo pequeño de participantes ha evaluado la eficacia de una dieta libre de gluten.8 En un metaanálisis sistemático se halló una prevalencia agrupada de enfermedad celíaca hasta en el 4 % de los pacientes con SII.13 

El ejercicio y otras modificaciones del estilo de vida 

En un estudio realizado en China se descubrió que los pacientes físicamente inactivos tenían 3,6 veces más probabilidades de tener SII que aquellos físicamente activos.14 Esto concuerda con un estudio anterior, publicado en 2011, que demostró que una mayor actividad física mejora los síntomas gastrointestinales en el SII y sugiere que el ejercicio debe emplearse como una modalidad de tratamiento principal.15 En 2018, un estudio realizado con 683 pacientes con SII de 14 ensayos controlados aleatorizados sugirió que la actividad física, como yoga, caminatas o actividad aeróbica, tai chi, montañismo y qigong de Baduanjin, tenía beneficios significativos para pacientes con SII.16 

Nuevas investigaciones sugieren que la terapia cognitivo-conductual (CBT) también puede ser un tratamiento eficaz para lograr una mejora sostenida de los síntomas gastrointestinales en comparación con brindarle al paciente solo educación.17 También se ha descubierto que la CBT es la terapia conductual más eficaz en este eje cerebro-intestino, pues incluye técnicas que mejoran la capacidad del paciente para disminuir las vías del dolor y reducir la evasión o el aislamiento asociados con los síntomas.8 Con el reconocimiento de que los niveles de pruebas varían, las técnicas comunes incluyen respiración diafragmática, biorretroalimentación de la variabilidad en la frecuencia cardíaca (a través de aplicaciones digitales), relajación muscular progresiva, visualización guiada y reducción del estrés basada en la práctica de atención plena.18-19,3 

La disfunción intestinal compromete la salud del paciente y disminuye la vitalidad, pero las modificaciones del estilo de vida demuestran ser prometedoras en el tratamiento de enfermedades gastrointestinales crónicas como el SII. La medicina funcional abarca un abordaje integral de los sistemas para evaluar y tratar no solo enfermedades gastrointestinales locales sino también diversas enfermedades sistémicas vinculadas con la disfunción GI. Obtenga más información sobre el SII y el modelo de medicina funcional.

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Referencias 

  1. Kopczynska M, Mokros L, Pietras T, Malecka-Panas E. Quality of life and depression in patients with irritable bowel syndrome. Prz Gastroenterol. 2018;13(2):102-108. doi:10.5114/pg.2018.75819  
  2. Corsetti M, Tack J, Attara G, Sewell M. IBS Global Impact Report 2018: Uncovering the True Burden of Irritable Bowel Syndrome (IBS) on People’s Lives. Canadian Society of Intestinal Research; 2018. Accessed March 19, 2021. https://www.badgut.org/wp-content/uploads/IBS-Global-Impact-Report.pdf  
  3. Lacy BE, Pimentel M, Brenner DM, et al. ACG clinical guideline: management of irritable bowel syndrome. Am J Gastroenterol. 2021;116(1):17-44. doi:10.14309/ajg.0000000000001036  
  4. Shorey S, Demutska A, Chan V, Siah KTH. Adults living with irritable bowel syndrome (IBS): a qualitative systematic review. J Psychom Res. 2021;140:110289. doi:10.1016/j.jpsychores.2020.110289  
  5. Törnblom H, Emmanuel A, Goosey R, Wiseman G, Baker S. Understanding symptom burden and attitudes in patients with irritable bowel syndrome with diarrhea: results from a patient survey. Gastroenterology. 2017;152(5):S745-S746. doi:10.1016/S0016-5085(17)32588-X 
  6. Bland J. Defining function in the functional medicine model. Integr Med. 2017;16(1):22-25. 
  7. Miwa H. Life style in persons with functional gastrointestinal disorders—large-scale internet survey of lifestyle in Japan. Neurogastroenterol Motil. 2012;24(5):464-471,e217. doi:10.1111/j.1365-2982.2011.01872.x 
  8. Chey WD, Keefer L, Whelan K, Gibson PR. Behavioral and diet therapies in integrated care for patients with irritable bowel syndrome. Gastroenterology. 2020;160(1):47-62. doi:10.1053/j.gastro.2020.06.099 
  9. Rajilic-Stojanovic M, Jonkers DM, Salonen A, et al. Intestinal microbiota and diet in IBS: causes, consequences, or epiphenomena? Am J Gastroenterol. 2015;110(2):278-287. doi:10.1038/ajg.2014.427 
  10.  Varjú P, Farkas N, Hegyi P, et al. Low fermentable oligosaccharides, disaccharides, monosaccharides and polyols (FODMAP) diet improves symptoms in adults suffering from irritable bowel syndrome (IBS) compared to standard IBS diet: a meta-analysis of clinical studies. PLoS One. 2017;12(8):e0182942. doi:10.1371/journal.pone.0182942  
  11.  Dionne J, Ford AC, Yuan Y, et al. A systematic review and meta-analysis evaluating the efficacy of a gluten-free diet and a low FODMAPs diet in treating symptoms of irritable bowel syndrome. Am J Gastroenterol. 2018;113(9):1290-1300. doi:10.1038/s41395-018-0195-4  
  12.  Dale HF, Rasmussen SH, Asiller ÖÖ, Lied GA. Probiotics in irritable bowel syndrome: an up-to-date systematic review. Nutrients. 2019;11(9):E2048. doi:10.3390/nu11092048  
  13.  Ford AC, Chey WD, Talley NJ, Malhotra A, Spiegel BM, Moayyedi P. Yield of diagnostic tests for celiac disease in individuals with symptoms suggestive of irritable bowel syndrome: systematic review and meta-analysis. Arch Intern Med. 2009;169(7):651-658. doi:10.1001/archinternmed.2009.22 
  14.  Guo YB, Zhuang KM, Kuang L, Zhan Q, Wang XF, Liu SD. Association between diet and lifestyle habits and irritable bowel syndrome: a case-control study. Gut Liver. 2015;9(5):649-656. doi:10.5009/gnl13437 
  15.  Johannesson E, Simrén M, Strid H, Bajor A, Sadik R. Physical activity improves symptoms in irritable bowel syndrome: a randomized controlled trial. Am J Gastroenterol. 2011;106(5):915-922. doi:10.1038/ajg.2010.480 
  16.  Zhou C, Zhao E, Li Y, Jia Y, Li F. Exercise therapy of patients with irritable bowel syndrome: a systematic review of randomized controlled trials. Neurogastroenterol Motil. 2019;31(2):e13461. doi:10.1111/nmo.13461
  17.  Lackner JM, Jaccard J, Keefer L, et al. Improvement in gastrointestinal symptoms after cognitive behavior therapy for refractory irritable bowel syndrome. Gastroenterology. 2018;155(1):47-57. doi:10.1053/j.gastro.2018.03.063 
  18.  Asare F, Störsrud S, Simrén M. Meditation over medication for irritable bowel syndrome? On exercise and alternative treatments for irritable bowel syndrome. Curr Gastroenterol Rep. 2012;14(4):283-289. doi:10.1007/s11894-012-0268-2 
  19.  Berrill JW, Sadlier M, Hood K, Green JT. Mindfulness-based therapy for inflammatory bowel disease patients with functional abdominal symptoms or high perceived stress levels. J Crohns Colitis. 2014;8(9):945-955. doi:10.1016/j.crohns.2014.01.018 

 

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References

 

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